jueves, 29 de marzo de 2012

Una sobreviviente de cáncer en la niñez


Puede ser cáncer. Las palabras que nadie quiere escuchar son incluso más aterradoras cuando se trata de tu hijo. Es la peor pesadilla de un padre. El mundo se detiene y tu vida se pone de cabeza: niñeras para los hermanos, seguro, tratamientos y efectos secundarios, remplazar los días de escuela, las reuniones para jugar y las lecciones de natación.
El viejo cliché "no hay mal que por bien no venga" parecía tan extraño esas primeras semanas pero, con el paso del tiempo, descubrí una fortaleza y una energía en una niña pequeña que pocas veces veo en los adultos. Ella decidió continuar con sus lecciones de patinaje hasta que las piernas ya no la sostenían. Por las mañanas lucía pálida antes de ir a la escuela; si le sugería quedarse en casa, ella respondía: "Es día de patinaje, mami. Si voy a patinar hoy, primero tengo que ir a la escuela". Eso lo decía una niña que asistía al jardín de infantes. Su deseo de hacer lo que más le gusta la ayudó a sobrellevar algunos días terribles.
Cuando nos acostábamos, imaginábamos lo que haría cuando la quimioterapia terminara su trabajo de destruir las células cancerosas y ella volviera a ser fuerte. Esa pequeña niña que soñaba con "hacer un giro en espiral como Nancy" (Kerrigan) ahora ya casi logra hacerlo, y esta semana ya ha conseguido hacer un doble lutz y saltos picados dobles limpios. Ella es toda una inspiración. Nuestro lema es: Piensa en lo que realmente quieres y hazlo, aférrate a tus sueños. Alcanza esa meta personal que tanto deseas. Los niños pueden hacerlo y tú también. VIVE, AMA, SUEÑA.
Existe vida después de la quimio, ¡y puede ser buena!

Terry - una sobreviviente x 2


Escuchar las palabras "tiene cáncer" ya es lo suficientemente malo, pero después de la operación que extirpó el tumor y parte de mi colon, me dijeron que también me extirparon un pequeño tumor en el hígado, lo que significaba que el cáncer se había metastatizado. El oncólogo no parecía estar demasiado satisfecho cuando me dijo que me encontraba en el estadio 4. Seguramente adopté una actitud de negación total, porque realmente no creía que me estuviera sucediendo a mí. Lo tenía todo: un buen matrimonio, dos hijos maravillosos, un trabajo que me gustaba, buenos amigos y estaba a punto de convertirme en abuela. Quizá mi vida era demasiado buena. La quimioterapia seleccionada para mi cáncer se suministró por medio de un Port-a-Cath. Recibí una dosis aproximada de una cucharita diaria durante 4 meses. Los efectos secundarios fueron mínimos, no perdí el cabello ni sentí náuseas, aunque sí tuve otras pequeñas molestias que fueron tolerables. Pueden imaginar qué tan ansiosa estaba cuando fui a buscar los resultados de mi primera tomografía computarizada; pero las noticias fueron buenas y continuaron siendo buenas durante los últimos 14 años. Un médico me dijo que no creía que yo tuviese este tipo de cáncer y todavía estuviera viva hasta que vio los informes. ¿Por qué soy una sobreviviente? Me hago esa pregunta todos los días cuando doy gracias a Dios. Tal vez necesitaba ver a mi primera nieta, que nació un tiempo después ese mismo año, o a su hermana, que nació 4 años después, o ver a mis pequeños nietos, uno de los cuales acaba de nacer, o quizás aún me necesitan. No conozco la respuesta pero, si la supiera, desearía que todos los pacientes de cáncer la tuvieran. Han pasado 14 años, pero todos los días sigo recordando lo que pasó y estoy muy agradecida con los médicos que me trataron y con mi familia por el apoyo que me brindaron.
Coraje y esperanza es mi deseo para todos los pacientes de cáncer. Los tengo presente en mis pensamientos y oraciones. 

Sarah - una sobreviviente de 14 años

Tengo 14 años y he estado en remisión durante casi 2 años. Una de las cosas que me ayudaron a sobrellevar mi enfermedad fue mantener una actitud positiva. Imaginaba a la quimio atacando todas las células cancerosas de mi cuerpo y destruyéndolas (¡como en un dibujo animado!). Intentaba hacer algún tipo de ejercicio de relajación como, por ejemplo, imaginar que estaba en cualquier lugar ¡menos en un hospital pediátrico!

Una de las cosas que me ayudaron con las náuseas fue que mi mamá consiguió tintura de lavanda en una tienda de comida saludable. Ponía un poco en bolitas de algodón y las colocaba por toda mi habitación. Eso hacía que las náuseas se redujeran al menos a la mitad. Además, ¡a las enfermeras les encantaba venir a mi habitación!

En la medida que sea posible, me gustaría ayudar a personas que estén pasando por esta situación, sin importar si son adultos o niños. Yo pasé por lo mismo y responderé cualquier pregunta o hablaré contigo cuando lo desees.

Samantha - sobreviviente de neuroblastoma


Se acercaba la navidad de 1995. A medida que la familia se preparaba para las fiestas, comenzamos a observar que Samantha estaba un poco pálida, se estaba volviendo muy irritable y comenzaba a inclinarse hacia un lado. La llevamos al consultorio del médico pero no le encontraron nada malo. Nos dijeron que Samantha se sentía más cómoda de ese lado y que no nos preocupáramos.
Varias semanas después, los síntomas comenzaron a empeorar. En el espacio de dos semanas, acudimos dos veces a la Sala de emergencias. El diagnóstico fue "acumulación de heces secas". Nos indicaron que le diéramos laxantes a Samantha.
En su primer cumpleaños, notamos un cambio radical en ella. Estaba en su silla de comer y le acabábanos de dar una porción grande de su pastel de cumpleaños. Lloraba y se inclinaba hacia la derecha. La alzamos y la cargamos hasta que se calmó y todo parecía bastante normal, salvo que constantemente se movía para tratar de ponerse cómoda.
Algunos días después, mientras estaba recostada en el suelo, Samantha comenzó a llorar. Primero pensamos que quería que la cargaran, pero su abuela observó algo más. La abuela alzó a Samantha y nos exigió que consultáramos a otro médico para saber qué le estaba pasando, porque algo andaba mal. Once días antes de esto, Samantha había tenido el examen médico que le tocaba al cumplir su primer año y le dieron un "certificado de buena salud".
A la mañana siguiente, llevamos a Samantha al consultorio médico y la examinó un pediatra diferente. Le tomaron muestras de sangre; el doctor examinó cuidadosamente a Samantha y encontró un tumor grande en el cuadrante inferior derecho del estómago. De inmediato, se nos indicó llevar a Samantha a radiología, donde le hicieron una ecografía y se aisló el tumor. Media hora después estábamos camino al hospital Shands de la Universidad de Florida.
Nos permitieron ingresar de inmediato. No puedo comenzar a contarles lo eficientes que parecían ser las cosas. La cama de Samantha estaba lista; había un soporte para suero con vías IV que colgaban de cada gancho. Bolsas, batas, sábanas, todo estaba en su lugar. Le hicieron los análisis casi tan pronto como llegamos y nos dieron el diagnóstico. Samantha tenía un cáncer neuroblastoma en el estadio IV y le dieron 30% de probabilidades de sobrevivir.
Desde ese momento en adelante, se llevaron a cabo reuniones, se seleccionó un protocolo y Samantha comenzó a recibir tratamiento. El protocolo de Samantha requería quimioterapia, tratamientos con radiación y cirugía. Los tratamientos duraron casi un año. La quimioterapia y la radiación funcionaron y encogieron el tumor, de manera que el 5 de julio de 1996 (nuestro día de la independencia) se extirpó el tumor mediante un procedimiento quirúrgico que duró 9 horas. El 11 y 12 de septiembre, Samantha recibió un transplante de médula ósea que resultó ser lo que le salvó la vida. Durante el transplante, Samantha casi muere en dos ocasiones diferentes. En un momento, casi entró en estado de "coma" y creímos que probablemente no se recuperaría. Pero, por la gracia de Dios ella se recuperó y, desde entonces, la velocidad a la que mejoraba fue considerada por algunas personas como "milagrosa".
El 31 de octubre de 1996, Samantha fue dada de alta del hospital y comenzó a hacer visitas mensuales a la clínica de cáncer para controles y análisis de orina. Durante estas visitas, el Dr. Magheed no dejó de preguntarnos acerca del habla de Samantha. En marzo de 1997 tuvimos nuestra primera cita para examinar su audición. Entonces, descubrimos que su capacidad de audición había resultado gravemente afectada.
Nos dijeron que había sido el fármaco de quimioterapia llamado Cytoxin lo que causó el daño. Creemos que la alta dosis en la unidad de transplante de médula (BMTU) fue lo que terminó de dañar por completo su capacidad de audición y le quitó la que le quedaba hasta ese momento. Se suponía que le iban a examinar periódicamente la audición durante su estadía en el hospital. Lamentablemente, era muy pequeña y estaba muy enferma como para hacerlo. Si nos detenemos a pensarlo, había que elegir entre su audición o ella. No habría podido superar el cáncer sin el Cytoxin.
Nos explicaron que con la edad la audición empeoraría y que, con el tiempo, lo más probable era que disminuyera. Pensamos que sucedería a los 17 ó 18 años, no a los 4. Su audición continuó empeorando hasta que ni siquiera los audífonos podían ayudarla. Finalmente, en septiembre de 2000 se decidió que necesitaba un implante coclear.
Samantha se sometió a la cirugía el 8 de febrero de 2002 y el dispositivo coclear se activó el 18 de marzo de 2002.
Su audición ha mejorado 1000%. En lugar de golpear una pared o dar una patada en el suelo para captar su atención, sencillamente la llamo por su nombre en un tono de voz normal y ella me oye. Puede oír el maullido de un gato y el ladrido de un perro. Puede oír cuando tocan la puerta y el ruido que hace la secadora. Por primera vez puede oír la "S" de su nombre. Puede escuchar música y el sonido de una Harley. Y ella les dirá que puede oír a los ángeles.

Monica - cáncer de ovarios


Soy una mujer de 45 años y me diagnosticaron cáncer de ovarios de estadio 4 en julio de 2001. Me sometí a una extensa cirugía a la que siguieron 6 series de quimio. Me emociona poder decir que no tengo rastros de la enfermedad en estos momentos.
Me sentía totalmente desolada, debido a que primero se pensó que tenía cáncer de páncreas. Después de numerosas pruebas, resultó ser de ovarios. Como estoy acostumbrada a tener el control sobre mi persona, TOQUÉ FONDO al no saber cómo iba a poder superarlo y recuperar ese control. Con el tiempo, pude hacerlo.
Algo que HACÍA y que TODAVÍA hago es que después de CADA quimio, tomografía computarizada, análisis de sangre, me doy una "recompensa". Puede ser tan pequeña como un café latte o tan grande como una cartera nueva, ¡mi verdadera debilidad! Sé fuerte.

Lois - cáncer de mama metastásico

En un principio, me diagnosticaron cáncer de mama en 1995. Pasé por casi todo lo que se puede pasar con esta enfermedad. El cáncer se extendió a mis huesos, he recibido tratamientos con radiación dos veces y estoy tomando mi quinto o sexto fármaco de quimioterapia. He continuado trabajando tiempo completo durante mis tratamientos. Camino con un andador y utilizo una silla de ruedas para las excursiones largas, pero todavía estoy aquí y pienso estarlo durante mucho tiempo más. Si mantienes una actitud positiva y optimista, puedes llegar más lejos de lo que imaginas. 

Geri - linfoma no Hodgkin

En 1987, a la edad de 37 años y con dos niños pequeños, me diagnosticaron linfoma no Hodgkin. Un pronóstico fatal. Sin embargo, después de una cirugía torácica y 9 meses de quimio, todavía estoy aquí. Disfruto y me amo cada día. Toma el toro por las astas y vive cada día.